La gestión de reformas sanitarias en recesión económica en Canadá
Fuente: Nuffield Trust
Fecha de publicación: 09/01/2012
En un contexto económico desfavorable, la gestión de un presupuesto ajustado para sanidad y la posibilidad de llevar a cabo reformas en el sistema son cuestiones de ineludible análisis y, a su vez, delicadas. El informe Managing health reform through an economic downturn se centra en dos regiones canadienses, Saskatchewan y Ontario. Ambas provincias vivieron, en los años 90, una crisis y realizaron reformas satisfactorias gracias a un liderazgo claro y un discurso coherente ante una población a la que se concienció de la inevitabilidad de los ajustes. Su éxito residió en la ausencia de un impacto negativo sobre la mortalidad y la cotización al alza de la innovación y la eficiencia sanitarias.
Cómo gestionar la reforma de la sanidad en el marco de una recesión económica es, sin duda, uno de los retos actuales. Para combatir el déficit público, el Reino Unido ha optado, en el sector sanitario, por un crecimiento acumulado del 1,3% del 2010 al 2014 para el National Health Service (NHS) pese al gran aumento de la demanda que se estima. Además, el NHS debe generar ahorros por eficiencia por un valor de 20 millones de libras esterlinas (24 millones de euros) en 2015.
Debido a la similitud existente entre la atención médica de Canadá y el Reino Unido, el informe de Nuffield Trust observa los casos de Ontario y Saskatchewan, dos provincias canadienses responsables de administrar sus servicios de salud. La recesión que azotó a Canadá entre 1990 y 1992 desembocó en la reducción del 6% del PIB real per cápita, provocó recortes en el gasto público e incurrió en déficit en el periodo 1992-1996. El estado recortó sus transferencias económicas a las provincias, obligando así a sus gobiernos a disminuir el gasto en salud. Se disminuyeron el número de consultas por médico y la densidad de médicos así como la cantidad de camas de hospital. En los años 90, los tiempos de espera se incrementaron en algunas especialidades quirúrgicas y la percepción sobre la atención sanitaria canadiense empeoró. Sin embargo, no aumentó la mortalidad entre los pacientes.
Saskatchewan, con baja densidad de población, un exceso de hospitales respecto a otras provincias y una elevada deuda, sufrió por el descenso de las aportaciones estatales. Ante ese problema, y contando con el visto bueno de la mayoría de actores y un liderazgo político y centralizado, el gobierno provincial procedió a reducir drásticamente el número de áreas de salud y de hospitales rurales y, además, potenció la atención primaria para liberar los hospitales. En 1992, con el Gobierno recién elegido, se inició un período de cuatro años en los que el crecimiento del gasto en salud disminuyó constantemente. El crecimiento real per cápita en el gasto sanitario fue menor en el periodo 1993-1995 pero aumentó a partir de 1996. A pesar de las drásticas medidas, el partido en el poder fue reelegido.
En Ontario, la provincia más poblada de Canadá, el gasto público se vio gravemente afectado por las reducciones en las transferencias federales. Como en Saskatchewan, era evidente que la contención del gasto sin la reestructuración hospitalaria no era posible. Una comisión independiente recibió el encargo de asesorar al gobierno y tomar decisiones sobre la reestructuración de los servicios de salud y hospitales. El crecimiento del gasto en salud, superior al 3% entre 1986 y 1991, cayó bruscamente a un 1,3% entre 1992 y 1997. Y se pasó de 225 hospitales a 150 en 1999, diez años después. Este ahorro se reinvirtió en otras áreas del sector, en especial en la asistencia de larga duración. Sin embargo, se ponen en tela de juicio algunas cuestiones: ¿se debía haber reaccionado antes invirtiendo en las alternativas a los hospitales?, ¿era necesario reforzar la comunicación en algunas áreas locales?, ¿faltó una mayor participación de los representantes de la atención primaria en las decisiones de la reforma?
Como conclusión, el informe de Nuffield Trust recomienda al Reino Unido que tenga en cuenta para actuar contra el déficit público los aspectos positivos e importables de la gestión de la reforma sanitaria de Canadá: 1) la gestión centralizada del proceso de cierre o reconversión de los hospitales, 2) el liderazgo convincente y el apoyo de las instituciones para la implementación del cambio, 3) la existencia de un relato coherente (pedagógico y con dosis de esperanza) de los políticos para promover las reformas, y 4) un proceso de comunicación continuo que no renuncie a cierta flexibilidad.
El ejemplo canadiense demuestra que el gasto en sanidad puede, superada ya la recesión, crecer a un ritmo más rápido que antes. También es una prueba de que la crisis financiera resulta una oportunidad para conseguir una atención sanitaria eficiente gracias a la innovación y a los nuevos enfoques. De algún modo, no hay mal que por bien no venga.
Referencia bibliográfica
Thorlby, R. Managing health reform through an economic downturn. Canada’s experience with deficit reduction, told through case studies of two provinces. Nuffield Trust Research Summary. Octubre, 2011 [acceso 3 de enero de 2012]. Disponible en: http://www.nuffieldtrust.org.uk/sites/files/nuffield/publication/managing-health-reform-through-an-economic-downturn-oct11_0.pdf
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